miércoles, 27 de junio de 2012

DESTINO MEDITERRANEO. TRAVESÍA EN EL “FAST FERRARI”. (5ª y 6ª ETAPAS).

Sin prisas pero sin pausas nos pusimos en marcha en esa bonita mañana de domingo y una vez que repostamos un poco de gas oil abandonamos el puerto de Almerimar, con una suave brisa del través hasta que nos separamos lo suficiente de la Punta del Sabinal para arribar unos grados a rumbo directo hacia Cabo de Gata, adoptando nuestra habitual configuración de velamen, con mayor y trinqueta a una banda y génova atangonado por la otra.
El ambiente a bordo era relajado y distendido, igual que las condiciones que, en un principio, eran las ideales para la adaptación de la recién incorporada a la tripulación, Carmela.

Poco a poco el viento fue arreciando mientras atravesábamos el Golfo de Almería.
A primera hora de la tarde navegábamos frente a la costa del Parque Natural de Cabo de Gata-Níjar, a partir de donde el viento volvió a arreciar, esta vez más notablemente, y por tanto la ola también iba aumentando.


Aunque el barco navegaba de fábula, para evitar que se repitiese la situación de la noche posterior al paso del Estrecho y dado  que todo apuntaba a que mar y viento podían seguir creciendo, decidí meterle dos rizos a la mayor, con vistas a la siguiente noche.

El viento, que entraba en popa cerrada, hacía que nuestra derrota fuera separándose de la costa hasta meternos en la ruta de los mercantes y a la vista de un carguero que venía a vuelta encontrada, decidimos trasluchar para mantenernos por dentro de su “autopista”, al tiempo que el nuevo rumbo  nos permitía apuntar más hacia Cabo de Palos.


Al atardecer navegábamos a muy buena velocidad, con algún que otro planeo y pese al balanceo, nuestro maestro cocinero, Jose Manuel se dispuso a preparar la cena, como siempre antes de la puesta del sol, que dada nuestra longitud actual, se había adelantado sensiblemente.

Durante mi guardia de esa noche, que ahora compartía con Carmela, mientras navegábamos al través de Cartagena, el viento cesó, por lo que hubo que encender el motor y recoger toda la maniobra de las velas de proa y aferrar bien a la botavara el trapo sobrante de la vela mayor, momento en que una ola nos zarandeó, empujando a Carmela hacia una banda y haciéndome caer de culo a mí por la otra, despidiendo mi linterna frontal por la borda. Gajes del marinero.
Esa mañana temprano, doblábamos Cabo de Palos, dejando las Islas Hormigas por babor.
La mar volvía a estar como un plato, la brisa no acababa de arrancarse y el calor iba apretando según subía el sol, así que cayeron algunos baños en la gran piscina de popa (El Mediterráneo).
Según íbamos remontando la costa alicantina, que aparecía con un perfil que parecía hasta bonito entre la bruma que ocultaba su caos urbanístico,  el viento volvió pero muy cambiante en intensidad y juguetón en dirección. Pasábamos de ir en popa, amurados a babor, a un descuartelar amurados a estribor y de vuelta a la popa amurados a estribor, por lo que navegábamos sólo con la mayor y el génova para agilizar las maniobras.

Trasluchamos frenta al Cabo de la Nao para arrumbar, navegando a un largo, hacia el Cabo de San Antonio, que se recortaba bajo el sol con su forma de cachalote por la amura de babor.
Las condiciones térmicas de Dénia y la influencia del Montgó hacen que sea habitual un fuerte incremento del viento en su bahía, y esta vez no fue una excepción. En cuanto pasamos Cabo San Antonio el viento arreció repentinamente y además roló a la proa, lo que nos obligó a ceñir hasta que a una escasa milla de la bocana del puerto, arriamos velas y enfilamos a las recién encendidas luces roja y verde de la bocana ya navegando a motor.
Mientras doblábamos la vela mayor sobre la botavara se desgarró un trozo de la baluma…No fue mucha cosa, pero habría que repararla antes de zarpar al día siguiente.
Serían las 23:00h cuando terminamos la maniobra de amarre en la plaza que nos asignaron. A tiempo, aunque algo justo, de ir a cenar a Dénia por cortesía del que fue nuestro cocinero oficioso durante toda la travesía, Jose Manuél.
En esta escala aún se nos incorporó un último tripulante más, Manel, antiguo compañero de carrera mío y compañero de tripulación, y sin embargo amigo, de dos de los tripulantes del Fastfe, Dani y Javi.

Por la mañana, tras las tareas habituales, parte de la tripulación se dirigió al supermercado para hacer una última pequeña compra, mientras yo compraba agujas e hilo para coser velas y me puse a la faena.
Con todo preparado a bordo sólo faltaba rematar la reparación de la vela mayor, tarea en la que al final me echó una mano Ramón y a las 12:00h estábamos listos para zarpar.
El parte meteorológico daba vientos del ESE, que irían in crescendo hasta fuerza 5 y rolando al SE.
Fuera de la bocana del puerto izamos mayor, de entrada ya con dos rizos, y trinqueta, para navegar de ceñida a un rumbo que en principio no daba para apuntar a rumbo directo.
Con el viento existente en ese momento al barco le faltaba un poco de trapo, por lo que desplegamos también el génova, que demostró un buen rendimiento también para ceñir a unos 33-35º junto con la trinqueta. Rápidamente arreció un poco el viento y navegábamos rápido con el barco bien equilibrado.
Día luminoso donde los hubiera, mar rizada, buena temperatura, buen viento y sobre todo buena compañía… No se podía pedir nada más. Prueba de ello era el ambiente “tenso” que se percibía a bordo…
Poco a poco el viento iba rolando a nuestro favor y nos permitía ir mejorando nuestra proa hasta finalmente completar la etapa de una sola bordada, eso sí, describiendo una derrota parabólica que nos llevó justo hasta la bocana del puerto de La Sabina.
La visibilidad era tal que muy pronto empezamos a avistar por la proa la Isla de Ibiza.
Disfrutamos así de un magnífico día de navegación de los que crean afición.
Al atardecer navegábamos ya al través del peñón de Es Vedrá y el viento bajó un poco de intensidad, por lo que izamos completamente la vela mayor, quitándole los dos rizos y con ello nos dirigíamos ya hacia La Sabina a unos buenos 6 – 6,5 nudos de velocidad, mientras el sol se ponía espectacular por nuestra popa.
Ya de noche nos aproximábamos a la bocana, mientras me ponía en contacto con el armador y comunicaba por radio con Marina de Formentera, donde tendríamos una plaza para esa noche.
Antes de entrar arriamos velas, preparamos la maniobra de atraque y a las 22:00h estábamos ya amarrados en lugar preferente de la marina, con lo que remataba una magnífica travesía que nos trajo desde Galicia en once días, no sin antes disfrutar de una última cena a bordo, preparada como siempre por Jose Manuel.
Después el armador vino a darnos la bienvenida y con él nos tomamos una copa en una de las terrazas del puerto. Las últimas, no obstante, cayeron a bordo antes de irnos a dormir, por última vez en el Fast Ferrari.

La mañana siguiente la pasamos ordenando y recogiendo al tiempo que hacía un chequeo exhaustivo del barco junto a Santi e Iria, los gallegos que se harían cargo del Fast Ferrari durante el verano desde su base en San Antonio de Ibiza.
Picamos una deliciosa empanada y bizcocho cocinado por Iria, más tarde comíamos algo más en el puerto y nos despedimos de Carmela, Jose Manuel y Ramón que salían ese mismo día para Ibiza. Más tarde despedíamos también a Santi e Iria que se llevaban el barco a San Antonio.
El resto fuimos a darnos un merecido baño a Illetes y última hora de la tarde nos recogió el armador para llevarnos a su preciosa casa de Migjorn, no sin antes ir a tomarnos una cervecita de la puesta del sol en un chiringuito de Migjorn y cenar algo en un piji-restaurante italiano, el único que había en las inmediaciones de la casa, sobre la playa.
Al día siguiente me despedía de Dani, Javi y Manel que se quedarían un día más en la isla y yo cogería el "Fast Ferry" a Ibiza para volar a la Península, vía Barcelona (escala de 7 h) donde Ramón tuvo el detalle de irme a esperar e invitarme a comer, un delicioso entrecot, como no J
Por la tarde se acercó  a visitarme al aeropuerto mi sobrino y por fín, por la noche vuelo a casa.

Gracias a todos los magníficos tripulantes que me acompañaron en esta travesía a bordo del Fast Ferrari, con tan buen ambiente. Espero volver a compartir millas con vosotros nuevamente.
Gracias también al amigo Pedro y a mi chica que me fueron a esperar al aeropuerto de La Coruña a horas intempestivas J

4 comentarios:

  1. ¡Que gustazo!
    Que digo, que si alguna vez te falta algún tripulante... dame un toque y sufro también yo
    Un abrazo
    j

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Estaré encantado de sufrir contigo, JJ ;-)
      Un abrazo

      Eliminar
  2. hola Jorge! Estaba leyendo tus comentarios y viendo las fotos de la travesía. Ante todo quiero darte las gracias por esos días tan especiales. Está claro que todos los factores sumaron a nuestro favor: el excelente tiempo, la luz, las indescriptibles puestas de sol, la buena música...todo un regalo para los sentidos y para el alma. pero al igual que tu destacaría la compañía. Tardé menos de dos segundos en encontrarme como en mi casa. Gracias a todos por las historias, las anécdotas, los silencios y las risas, por compartir las hazañas y quehaceres de algunos trabajados "ángeles de la guarda". Contigo, con vosotros hubiese seguido navegando hasta el fin del mundo. Solo espero poder repetirlo. Un abrazo muy fuerte

    carmela

    ResponderEliminar
  3. Me alegra mucho que lo hayas vivido así, Carmela. Sólo hay algo mejor que disfrutar en la mar, y es ver que los demás disfrutan también.
    Desde luego que con los ángeles de la guarda, de 1ª división, de algunos de nosotros, sólo podía irnos así de bien ;-)
    Encantado de compartir millas contigo, y que sean más...
    Un abrazo y un par más para los Carlos... y para Carmen, claro.

    ResponderEliminar

Si eres una persona de bien, deja aquí tu comentario